• Nuria Embid

Cuanto más espiritual peor.

En mi afán por encontrar el sentido de la vida dediqué mucho tiempo y dinero a realizar cursos y formaciones que, en su mayoría, resultaron inútiles y en algunos casos incluso perjudiciales para mí. Muchos métodos terapéuticos o de desarrollo personal no profundizaban lo suficiente, otros generaban dependencia y otros, sencillamente, eran un engaño. No comprendía por qué, a pesar de dedicar tantos recursos a mi crecimiento personal, mi cotidianidad no mejoraba. Algo me decía que la realidad era más de lo que parecía sin embargo, cada día me sentía frustrada y confundida en relación a esa visión trascendental de la vida. Finalmente toqué fondo. Mis propias circunstancias me obligaron a darme cuenta de que algo no estaba funcionando. Tuve que replantearme la manera en la que estaba buscando aquellas respuestas acerca de la vida y la muerte. Tras veinte años de búsqueda incansable y varias experiencias realmente difíciles, me sentí obligada a realizar un ejercicio de absoluta honestidad conmigo misma. Te aseguro que lo que vi no me gustó. Aquí te dejo mis conclusiones. ¿Cómo nos confundimos en la búsqueda de un sentido trascendental de la vida? - Buscando respuestas solo en el ámbito mental. Hacerlo nos aísla del sentir y por lo tanto del cuerpo que es precisamente la herramienta que debemos usar. - Creyéndonos todo lo que sentimos y perdiéndonos en el mundo emocional. Esto ocurre cuando siempre estás 'removido' y por ello te consideras hipersensible. Sin embargo, la sensibilidad debe ser sana y vital. - Utilizando técnicas transpersonales en las cuales otra persona te “quita” un dolor. No, definitivamente no funciona. No existen atajos. Eres tú el que tiene que manejar tu propio dolor, sentirlo, atravesarlo y aprender de él. Te sorprendería la cantidad de cosas que inventamos los seres humanos para no sentir dolor emocional. - Buscando la paz interior como objetivo final. Confundiendo la calma interna con una gran desconexión emocional. No siento nada y por lo tanto interpreto que eso es paz. - Creyendo que todo es perfecto, que no hay que hacer nada o que los problemas solo están afuera y los culpables siempre son otros. - Manteniendo una visión idealizada y excesivamente infantil acerca del significado profundo de la vida. Creencias del tipo: “si es fácil es bueno” o “el propósito de la vida es ser feliz”. - Equiparando las capacidades psíquicas de una persona con madurez interna y desarrollo personal. No están necesariamente relacionadas y en muchas ocasiones esas capacidades parecen auténticas pero no lo son. - Profundizando en realidades sutiles sin conocerlas realmente, con ingenuidad, tomando como válido o beneficioso todo lo que te ocurre en estados de conciencia ampliada. Solemos creer que lo que tiene que ver con la meditación o con experimentar en estados de conciencia expandida nos convierte en seres más espirituales. No es así. Tan solo pueden ser un medio siempre que sean utilizados con responsabilidad y en un principio, acompañados por personas experimentadas. - Probando muchos métodos sin profundizar en ninguno o queriendo hacerlo todo solo, creyendo que no necesitamos la ayuda de nadie. No podemos hacerlo solos. Me llevó años comprender esto. - Aferrándonos solo al lado “luminoso” de la vida, teniendo miedo de la oscuridad de la psique humana. La luz surge como resultado de la transformación de la sombra. En definitiva: Debemos mirar donde menos nos gusta. He aquí la cuestión y la dificultad. Cuanto más espiritual se considera una persona más dificultades tiene para avanzar realmente a través de un proceso interno profundo y eficaz. Lo he visto a menudo en mis entrenamientos. En muchos casos, cuantos más años de cursos, talleres o retiros, mayor es la coraza que deben atravesar. Muchos se quedan por el camino porque esa supuesta “espiritualidad” les mantiene presos de sí mismos, creyéndose superiores, especiales, cómodos. Lo sé porque lo viví. Durante veinte años de búsqueda en relación al sentido de la vida me equivoqué muchas veces pero a base de errores aprendí que eso que llamamos espiritualidad consiste sencillamente en ser capaz de llevar a cabo aquello para lo cual has nacido. Practicar los medios o las técnicas para conseguirlo no te garantiza nada. Facilitar talleres o trabajar como terapeuta tampoco. La dificultad consiste en mirar allá donde más te duele y donde menos te gusta. Los seres humanos somos capaces de cualquier cosa por no reconocer la verdad que yace en el fondo de nuestro ser. Creamos infinitos personajes para camuflar la sombra. Nos sometemos hasta lo imposible para no despertar la fiera que habita en nuestro interior. Reprimimos los enfados para parecer correctos, educados, evolucionados o espirituales sin saber que en la manifestación contenida de esta emoción que tanto tememos, guardamos la semilla del poder. Según mi experiencia, su expresión a través del cuerpo nos permite recuperar vitalidad y además, aplicando una dosis importante de honestidad, podremos hacer ese 'click', esa toma de conciencia que definitivamente nos quitará la venda de los ojos teniendo consecuencias extraordinarias en la cotidianidad. Si estás tratando de realizar un proceso interno de este tipo y tu vida cotidiana no mejora, en ese caso o bien los métodos no funcionan o no se aplican con la profundidad y la honestidad que esta tarea necesita. Con la práctica habitual uno comienza a ver la vida tal y como es en lugar de creer las apariencias que la envuelven. Si lo deseas, los procesos de profundidad emocional te permitirán, de manera natural, atravesar los límites de la percepción habitual para descubrir una visión más completa y enriquecedora de la vida y de la muerte. Estos estados son la clave fundamental de la evolución humana pero solo son eficaces si se dirigen con sensatez y honestidad. Entre tanto, tendrás que ponerte a prueba en innumerables ocasiones porque habrás comprobado que la personalidad, cada vez más inteligente, continúa engañándonos sin que nos demos cuenta. Con el tiempo, tu vida diaria comenzará a tener sentido y descubrirás que tu potencial es mucho mayor del que pensabas. Así, con sencillez, sin fuegos artificiales ni reconocimientos sociales.

Sinceramente, no es fácil. Esta labor es el mayor de los retos, la mayor prueba. Realizarla nos lleva toda una vida y mientras tanto, la búsqueda de una espiritualidad que no es tal, resulta ser uno de los mayores autoengaños. Nuria Embid FUENTE: www.nuriaembid.com


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