• Nuria Embid

Si comprendes cómo funciona el poder, entenderás qué está pasando en el mundo


Para comprender qué es el poder tenemos que comenzar hablando de sensibilidad. Los seres humanos tendemos a evitar lo que nos duele, en primer lugar, porque resulta desagradable, incómodo y en segundo lugar porque no nos han enseñado a manejarlo. Por lo tanto, la tendencia natural desde la infancia consiste en desconectarnos de lo que sentimos. Conforme un niño o niña va creciendo tiene que ir adaptándose a una sociedad de adultos que también tuvieron que disociarse de su sentir por supervivencia emocional.

Las personas tratamos de llenar los vacíos internos a través de elementos externos como pueden ser comida, dinero, relaciones o éxito profesional. Esto genera desequilibrios como puede ser el uso del dinero para tratar de comprar el amor, las relaciones personales de dependencia emocional en las que uno piensa que no puede vivir sin el otro y espera que éste le haga feliz... En algunos casos, las personas buscarán tapar sus vacíos emocionales a través del éxito profesional dedicando su tiempo a crear empresas, obtener prestigio y reconocimiento o tratando de alcanzar puestos notables en la sociedad. En este punto, la búsqueda del poder toma especial importancia y se convierte en la clave. Si comprendemos cómo funciona el poder entenderemos cómo funciona el mundo.

Cuanto más difícil fue la infancia de una persona y cuanto más desconectada se encuentra de su sentir, mayor será su ansia de poder y lo perseguirá incansablemente esperando que el logro de sus objetivos externos calme sus vacíos internos. Algunas de estas personas pueden alcanzar puestos importantes en el ámbito político, social o empresarial. En algunos casos pueden convertirse en gobernantes. Debido a sus vacíos, miedos e inseguridades, internamente funcionan como niños pero sin embargo se esfuerzan por crear una fachada opuesta a sus fragilidades. Se muestran con aspecto de personas responsables, maduras, seguras de sí mismas, superiores. Si puedes ver más allá de esa apariencia te darás cuenta de que la mayoría, en el fondo, son emocionalmente inmaduros.

Debemos tener muy claro que la búsqueda de este poder vacío es incompatible con la sensibilidad y la ética.

Seguro que conoces el caso de políticos de primera línea que comenzaron con buenas intenciones pero cuando alcanzaron puestos importantes tuvieron que vender su ética para poder mantener su pequeña parcelita de “poder”. Los que confiaron inicialmente en su buena disposición les exigen que sean coherentes con sus principios pero fíjate bien: si mantuvieran sus valores intactos, ya no conservarían sus puestos ni sus beneficios ya que no sirven a los pueblos sino a otros grandes intereses. Ellos no pueden ser honestos porque perderían el juego de supervivencia en el cual están involucrados. Dejemos de perder el tiempo pidiéndoles que nos den lo que no nos pueden dar.

Los que ambicionan con mayor deseo ese falso poder y tienen medios para conseguirlo son capaces de cualquier cosa. Es pura supervivencia. Dejar de perseguir sus fines egoístas significaría tener que ver sus propios vacíos. Su dolor. Sus heridas emocionales más profundas. Significaría dejar de tener dinero, fama, reconocimiento social. Se sentirían tan vacíos que no podrían soportarlo. Harán cualquier cosa para no sentir que lo pierden todo.

Las leyes y las normas creadas por estos gobernantes, hombres y mujeres vacíos de sentir, fomentarán la falta de sensibilidad sin escrúpulos. ¿Podríamos esperar otra cosa? Observa cómo está el mundo. Ancianos confinados en habitaciones de residencias, enfermos oncológicos obligados a permanecer en soledad, niños con mascarilla privados de contacto físico, personas que mueren aisladas... Un mundo insensible creado por élites insensibles que no pueden ver sus propios miedos. Ahora bien, ¿qué tiene que ver esto contigo?


Dentro de cada uno de nosotros también hay un niño que tuvo que dejar de sentir para sobrevivir. Por eso todos, en mayor o menor medida, deseamos ser más poderosos que el otro. Lo proyectamos en las relaciones cercanas entre la pareja, padres e hijos... normalmente ni nos damos cuenta de que lo hacemos porque está integrado en nuestra forma de comprender el mundo y lo manifestamos de manera inconsciente. En cualquier caso, solemos mirar afuera y señalamos a los políticos, a los que ostentan cargos públicos o a las grandes corporaciones como culpables de la dramática situación que estamos viviendo. Sin embargo, tenemos que ser conscientes de que ellos también son víctimas de su propio dolor. Para encontrar una solución a la situación actual debemos comprender algo fundamental: la lucha no consiste en nosotros contra ellos. El poder vacío necesita que uno sea pequeño para que el otro sea grande. La lucha y el enfrentamiento mueven el sentido del péndulo. Las víctimas se convierten en verdugos, los verdugos en víctimas. Pero todo sigue igual. Debemos comprender que estamos en el mismo barco y que la lucha no es contra el otro sino con nuestros vacíos y carencias emocionales que son la auténtica causa de nuestros males. Hay que despertar el verdadero poder que no consiste en ser superior al otro sino en dejar de someterte a tus propios miedos.


La vida te implica en una realidad oscura y compleja con el objetivo de que seas capaz de madurar y despertar tu poder interior, ese que te permite sentirte grande sin tener que hacer pequeño al otro. Ese es el sentido de la gran crisis que estamos viviendo. Necesitamos ser conscientes de que la situación mundial es un gran desafío que requiere la responsabilidad de cada uno de nosotros. Los cambios llegarán por el empoderamiento de los que estén dispuestos para poner a prueba su sentido de la ética. Las personas que confiamos en el desarrollo personal y la evolución interior como herramientas para mejorar, no solo el mundo interno sino también el externo, tenemos que entrenarnos a conciencia para ser capaces de asumir el reto que tenemos delante. Hay que dejar de mirar únicamente afuera, creyendo que los culpables son otros. El resto también son víctimas de sus propios miedos y carencias. El cambio que deseamos ver en el mundo comienza en cada uno de nosotros.

La teoría suena bien, ¿verdad? Lo difícil es llevarlo a la práctica. El primer paso consiste en promover nuestra propia sensibilidad, reconectarnos con aquello que sentimos aunque a veces duela para llenar nuestros vacíos internos. Dar espacio adecuadamente a nuestra fiera interna, esa que tanto se han empeñado en que reprimamos, no para hacer daño al otro sino para responsabilizarnos de ella. Ahí está nuestra semilla de poder y el principio de nuestra transformación. Necesitamos aprender a mirar en nuestra psique para conocer nuestras sombras, para poder madurar y despertar nuestra vitalidad. Tenemos que experimentar una visión más amplia de la realidad para que cada uno descubra por sí mismo qué es lo que puede aportar al mundo. Y sobre todo, lo que más cuesta: debemos prepararnos para ser capaces de llevarlo a cabo en medio de circunstancias altamente complejas.

No se trata de hacer un curso. Se trata de entrenarte en tu cotidianidad poniendo a prueba tu manera de vivir.

¿Qué relación hay entre tu acción y la situación del mundo?


El dolor tiene un sentido y surge para que podamos aprender una lección. Cuando la lección es verdaderamente aprendida, integrada y se ha llevado a la práctica, el dolor desaparece. A nivel social ocurre de la misma forma. La situación del mundo tiene un sentido y para darle la vuelta debemos madurar porque la única manera de vencer al falso poder es despertar el verdadero.


La ética y la libertad no son fruto de la buena intención únicamente. Ya lo has visto. Necesitamos entrenarnos para desarrollar nuestro potencial y ponerlo al servicio de los demás. Para eso hemos nacido.




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